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        <title>[ El Archivo Corrupto ]</title>
        <description>Este es un blog sobre literatura que prentende publicar una media de dos relatos cortos por semana.</description>
        <link>http://elarchivocorrupto.blogcindario.com/</link>
        <lastBuildDate>Mon, 20 Aug 2007 01:27:46 +0100</lastBuildDate>
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            <title>Plaga II</title>
            <link>http://elarchivocorrupto.blogcindario.com/2006/10/00006-plaga-ii.html</link>
            <description>Cargué el fusil. Nunca había estado en una situación como esa y aún tenía miedo. Hace poco más de dos meses, se dió la orden tras la cual todos los cuerpo del estado se unían en uno único. Como más tarde descubriríamos, acabábamos de entrar todos en el ejército. Yo antes era guardia civil. Ahora, llevo ropa de asalto, rifles homónimos, pistola reglamentaria y mochila con material militar: mapas, raciones de supervivencia, capote, pala, brújula, munición, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Tras un adiestramiento de dos semanas en el que a grandes rasgos se nos enseñaba a disparar antes de preguntar, nos agruparon en patrullas con dos ordenes claras como el agua que no dejaban espacio a duda. La primera consistía en no abandonar la zona asignada hasta nueva orden. La segunda era disparar a todo el que violara la ley marcial. Sí, la ley marcial. Poco antes de la unión de los cuerpos de seguridad se había declarado la ley marcial en todo el estado. Cualquier individuo, independientemente de su sexo, raza o nivel social, que intentara atravesar algún puesto de guardia o que estuviera en la calle tras el toque de queda sería automáticamente tiroteada. Así, sin más. Algo gordo tenía que estar pasando para que se declararan medidas tan duras. Por desgracia, esa causa era desconocida excepto para unos pocos, y eso causaba recelo en la población que se traducía en disturbios. Pero la orden siempre era la misma: Mantener el orden a cualquier precio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Eso fue hasta que nos encontramos con esas cosas. Ocurrió una brumosa madrugada. Vimos aparecer una figura en nuestro puesto de guardia. Le dimos el alto, pero no reaccionó. O no nos había oído o nos ignoraba. Se seguía acercando obstinadamente hacia nosotros hasta que abrimos fuego. Le disparamos a la pierna, ya que a pesar de las ordenes, nos parecían medidas muy duras. Si le dimos, fue como sino le hubiéramos dado. Avanzó hacia nosotros y entonces, le vimos con claridad. Era un hombre de mediana edad. Llevaba un traje de chaqueta y zapatos caros. Andaba encorvado hacia delante, dejando colgados los brazos. Tenía una pierna herida por nuestros balazos y le faltaba una mano. Al final de la mano izquierda había un muñón. No estaba suturado ni nada por el estilo. Como si le hubieran arrancado la mano de un mordisco. Mientras le observábamos, con una mezcla de miedo y asombro, se irguió por completo y avanzó con gran rapidez hacia el más cercano de nosotros. El capitán gritó:&quot;¡Cuidado!&quot; y ese fue nuestro resorte. Levantamos los rifles y abrimos fuego contra la figura. Varios tiros le impactaron en el pecho y unos cuantos en las piernas; mas los ignoró como la primera vez. Alcanzó a Rodríguez por la pierna y la mordió. Por increíble que parezca, arrancó un gran trozo de carne de la pierna y se lo tragó. Rodríguez soltó el rifle y se puso a gritar, luchando contra aquel ser evidentemente no humano. El rifle se cayó y se disparó, atravesando de un tiro la cabeza del ser. Tras una gran explosión de sangre a causa de la ya inexistente cabeza, el cuerpo cayó hacia atrás ya sin vida. Habíamos encontrado su Talón de Aquiles. Después del incidente, llamamos al Cuartel. Allí nos dijeron que enviarían una ambulancia para socorrer al herido. Últimamente se estaban dando muchos casos como el nuestro y estaban al límite.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  A los pocos días, hubo una reunión general de oficiales. Tras esta, se nos explicó la causa de todas las medidas tomadas hasta el momento. Al parecer, un virus que se contagia por contacto sanguíneo está causando grandes estragos en el mundo. Los infectados pasan a no pensar ni sentir nada, además de no necesitar llevar a cabo ninguna función vital como la alimentación o el sueño. Los infectados no reaccionan ante todo lo que no sea un ser vivo. Y cuando es un ser vivo, reaccionan con extremada fiereza, deseando sólo matarlo. Los pobres que son atacados son infectados. Mueran o sobrevivan al ataque, se transforman en un infectado. Los infectados soportan toda clase de daños que acabarían en el instante con un humano normal y corriente. No hay cura y la única manera de detenerles es &quot;re-matándolos&quot; causándoles algún daño grave en la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Con esta perspectiva, se nos dió la orden de reanudar nuestras tareas, siendo ahora nuestra labor la de &quot;desinfectar&quot; a los enfermos. Desde entonces, llevamos una semana enfrentándonos en una lucha sin fin. Al principio, los grupos eran pequeños, de no más de una docena. Sin embargo, ahora son un grandes concentraciones de estos seres. Cada vez cuesta más acabar con ellos y las llamadas de auxilio de otras patrullas son cada vez más frecuentes. Y llegamos a hace dos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Con el fusil ya cargado, me dirigí a cubrir mi habitual guardia. Ayer tuvimos que acabar con un grupo considerable de esas cosas y no quería que me pillaran desprevenido. Agucé la vista intentando distinguir algo en la bruma. En este puesto de montaña es imposible distinguir algo por la mañana. Resignado y confiando en que no apareciesen en ese momento me dirigí al camión a por el capote. Hacía frío y la humedad me calaba los huesos. Cuando volví, noté algo distinto. Un olor a podredumbre y el sonido de arrastrar de algo. Volví a aguzar la vista y esta vez distinguí algo que me heló la sangre. Casi tres docenas de esos seres avanzaban lentos pero constantes por la calzada. Dí el toque de alarma y me dirigí a pedir refuerzos por radio. Cuando volví a la barricada, mis compañeros ya estaban disparando a la multitud. El capitán, llamado Juan Gómez, daba ordenes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Disparad!¡Que no pasen!¡Enviadlos de vuelta al infierno!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Muy expresivo el chaval. Helado y aterrorizado, apunté y abrí fuego contra la masa. A pesar de la cantidad de balas que recibía,  parecían inmunes. Poco a poco, empezaron a disminuir. No obstante, antes de que lográramos acabar con todos ellos, llegaron a la barricada. Torpemente empezaron a trepar por ella y cuando el primero puso un pie dentro, se creó el caos. Tiros, mordiscos, gritos agonizantes, olor a podrido, olor a pólvora... Todo se mezclaba causando una combinación letal. Cuando todo acabó, tocaba el momento más doloroso: La cuenta de bajas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  No quedaba ninguno de esos seres vivos, pero el coste había sido alto. Dado que el ritmo de producción de esas cosas es infinitamente más rápido que el nuestro, se podría decir que habíamos perdido. De las dos docenas de efectivos que éramos, quedábamos seis. Doce habían muerto por las heridas de los infectados, mientras que seis estaban heridos. Con todo el dolor de nuestras ya afligidas almas, comenzó una de las tareas que me causan todavía pesadillas. Primero, quitamos todo el material bélico que llevaban. Después, les dimos a todos, incluidos los heridos, el tiro de gracia en la cabeza. No podíamos permitir que se crearan nuevos infectados. Tener que disparar a las cabezas de tus compañeros es muy duro, cuanto más si todavía están vivos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Cuando acabamos con la penosa tarea, nos pusimos en contacto con la centralita y nos ordenó que volviéramos al cuartel. Al parecer, estaban agrupando a toda la población en una serie de &quot;puntos seguros&quot; para facilitar su protección y evitar la propagación del virus. Necesitan todo el personal militar posible para la protección de los puntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Y ahora mismo estoy yo, en uno de esos puntos seguros, esperando que llegue el momento de mi guardia. No sé que es lo que va a pasar y mucho temo pero mi futuro y puede que el de toda la humanidad esté en peligro.</description>
            <pubDate>Sun, 22 Oct 2006 19:16:46 +0100</pubDate>
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        <item>
            <title>Plaga I</title>
            <link>http://elarchivocorrupto.blogcindario.com/2006/10/00005-plaga-i.html</link>
            <description>Corrí. Corrí. Corrí hacia delante. Sin objetivo. Sólo corrí. Corrí. Corrí. Corrí por miedo. Corrí por salvar mi vida. Los sentí detrás, de las misma manera que ellos me sintieron a mí. Corrí. Las ramas arañaron mi cara. Las aparté. Da igual. Sólo quería correr. Correr para huir. Corrí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, el bosque a través del cual huía, se acabó. Tan de repente que me quedé anonado durante unos segundos. Delante de mí se extendía una carretera. Dos carriles en cada sentido; un par de quitamiedos en ambos lados y en el centro; una media docena de coches en los carríles más alejados a mí. Todos huían. La media docena de coches estaban en distintos estados de conservación. Los dos primeros había chocado, bloqueando a los demás. Las puertas abiertas indicaban que tan rápido como habían chocado habían huído del lugar. También los perseguían a ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luna se alzó tras de mí. Recordé que yo también era persegudido. Me acerqué al coche más cercano y me metí dentro. Cerré las puertas. Busqué la llave y... ¡Sí!¡Seguía puesta! Intenté arancar el motor. Sonó, pero no arrancó. Insistí y obtuve el mismo resultado. Entonces, aparecieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran tres hombres, dos mujeres y una niña pequeña. Los tres hombres llevaban un unidorme azul, como de albañil o algunos electricistas. A uno de ellos le faltaba un brazo y dejaba a su paso un reguero de sangre. Era reciente. Otro de los hombres tenía la cara destrozada. Le faltaba todo el lado izquierdo: El ojo era una masa que chorreaba por el pómulo desnudo y ensangrentado. Su abdomen estaba destrozado. Habían intentado devorarle las tripas. El tercer y último trabajador tenía el pecho abierto y se podían observar sus órganos vitales, ya detenidos. Las mujeres no presentaban mejor aspecto. A una de ellas le faltaba media pierna. De rodilla hacia abajo sólo tenía un hueso que le ayudaba a manterse en equilibrio. Iba vestida con una minifalda y una camiseta corta que mostraba su pálido abdomen. No aparentaba más de veintiseis años. La otra mujer era mayor, aunque no parecía tener más de treinta años. Vestía un uniforme del McDonald's. Tenía la blusa abierta y le faltaba, literalmente, medio abdomen. No hacía falta agudizar mucho la vista para ver a través de sus tripas lo que tenía detrás. Al ver al último zombie palidecí. Empecé a temblar. La niña iba vestida con un uniforme de colegio. Tenía medio pecho abierto, de manera que se habían comido su corazón y pulmones. Reconocí su cara. La niña, de unos nueve años, era mi sobrina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He de decirlo. Aquel cadáver putrefacto me desoló aún más de lo que estaba. ¿Cómo había podido pasar eso? ¿Por qué ella? ¿Habría sufrido? ¿Seguiría sufriendo? Realicé una plegaria por ella y salí del coche como una exalación por la puerta de la derecha, alejandome lo más posible de los putrefactos cadáveres. Volví a empezar a correr y volví a internarme en el bosque. Y volví a correr. Corrí y corrí, pero mi carrera se vió zanjada por un accidente. Me caí. Tropecé con una roca. El camino era estrecho, angosto y empedrado. Las ramas ya empezaban a invadir el terreno. Realmente, no me sorprendió el caerme. Los oí. Escuché sus pasos. El lento arrastrar de sus pasivos pies. Paso lento pero seguro. Los ví aparecer a pocos metros de mí. Me puse en pie. Me dolía. Mucho; tanto que a pesar de lo desesperado de la situación no pude correr. Me prometía a mi mismo vender cara mi vida. Recogí la roca con la que había tropezado y se la lancé a los muertos. La roca golpeó a la mujer a la que le faltaba la pierna, la más cercana, que cayó. Se oyó el sonido de huesos al romperse. El brazo le colgaba inerte, pero eso no detuvo su carrera. Recogí otra piedra y la lancé. Esta acertó al trabajador del pecho abierto en la herida quedó enganchada. Miré a mi alrededor y detecté una rama de considerable tamaño pero manejable, que en el acto recogí. Ya tenía mi arma. La mujer en el suelo era sorprendentemente la más rápida. Ya estaba a poco más de un metro de mí. No sé si sería lo deseseperado de la situación o una repentina subida de adrenalina, pero un profunda furia hacia estas criaturas me estaba poseyendo. Salté sobre la espalda de la mujer y golpeé su cabeza con la rama. Un sonido sordo y seco confirmó que le había roto el cráneo. Un reguero de sangre de un color negruzco resbaló desde su nuca. Un segundo zombie, el del hombre sin cara, se abalanzó sobre mí. Sus manos rodearon mis hombros y acercó sus mandíbulas con dientes amarillo oscuro a mi cuello. Su saliva verdosa y hedionda me resbaló por el pecho. Lancé un rodillazo hacia su abdomen. A pesar de tener la certeza de que no lo iba sentir, cumplió su propósito. El zombie dobló el cuerpo y dejó expuesta su cabeza. La destrocé con un golpe de la rama. Lancé el cuerpo hacia los otros zombies y derribó a los dos hombres que iban detrás de él. Me sentí el rey del mundo. Nadie podía conmigo. Grité al último zombie que viniera si tenía valor. Entonces, sentí el mordisco. No fue especialmente doloroso. Lo doloroso fue ver a mi sobrina, mi ojito derecho, ensañarse con mi pierna. Como si no fuera yo, ví como la sangre resbalaba de mi pierna. Levnató la cabeza hacia mí con un trozo de mi propia pierna aún entre sus dientes. Engulló el trozo. Sentí el más profundo asco al ver a un ser tan humano tragar un trozo de carne. A eso tuve que añadir que era capaz de reconocer el rostro de mi asesino. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incapaz de hacerle nada, salí corriendo. No, a pesar de en lo que se había convertido, a pesar de lo que había echo, era incapaz de atacar a mi inocente sobrina. Porque ya no era ella. Ahora era un monstruo. Con lagrimas en los ojos, seguí corriendo. Corrí. Corrí. Al poco tiempo, me dí cuenta que no sentía ni el tobillo ni la pierna. Eso significaba que ya me estaba transformando en uno de ellos. Mis terminaciones nerviosas ya estaban empezando a desgastarse. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y llegamos aquí. Ahora mismo estoy sentado en una casa de campo. No sé a quien pertenece, si es que todavía está vivo. Pero da igual, ya que no hay nadie, vivo o muerto. Escribo con una pluma &quot;prestada&quot; en papel de carta también &quot;prestado&quot; estas palabras. Quiero que alguien sepa que existí. Que no soy un nombre en un registro. He escrito todo lo que recuerdo. Me imagino que cuando lo olvide todo sólo seré uno más de ellos. Cuando termine de escribir estas palabras, guardaré esta carta en un sobre y guardaré el sobre en algún sitio de esta casa con la esperanza de que alguien lo encuentre. Y ya me despido. Adios, seas quien seas, que lees mis palabras.</description>
            <pubDate>Fri, 13 Oct 2006 19:19:51 +0100</pubDate>
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            <title>Nuevo miembro.</title>
            <link>http://elarchivocorrupto.blogcindario.com/2006/10/00004-nuevo-miembro.html</link>
            <description>Al parecer, somos afortunados, ya que se nos une un compañero. A partir de ahora, intentaremos escribir un artículo cada uno a la semana; ya que se adhiere al blog un amigo nuestro conocido como Ahrkhael.</description>
            <pubDate>Mon, 09 Oct 2006 18:17:32 +0100</pubDate>
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            <title>La imagen en la sociedad actual</title>
            <link>http://elarchivocorrupto.blogcindario.com/2006/10/00003-la-imagen-en-la-sociedad-actual.html</link>
            <description>La sociedad, actualmente, vive exclusivamente por y para la imagen y el consumo. La explosión del desarrollo de ambos es un fenómeno más o menos reciente. Con la aparición de la sociedad de consumo y el auge del capitalismo moderno, los antiguos valores imperantes en las sociedades, al menos las más desarrolladas, han sido sustituidos por la frivolidad y la frialdad de las apariencias externas y de la imagen.&lt;br /&gt;Hoy en día no importa la verdadera personalidad de una persona, solo nos fijamos en el aspecto externo, en la mudable cáscara que esconde nuestros sentimientos, conocimientos, actitudes, emociones, pasiones, etc., en fin, nuestra personalidad, las características irrepetibles propias de un individuo, lo que nos vuelve verdaderamente humanos. Pero eso ya no le importa a la gran mayoría. Ahora no buscamos personas que sean amables, cultas, alegres, agradables; no, ahora lo que pedimos es que lo aparenten. No hace falta tener una cualidad, simplemente aparentar que se tiene.&lt;br /&gt;La excesiva preocupación por la imagen trae consigo la aparición de un elemento dañino para el razonamiento, y para las relaciones entre los miembros de una sociedad: los estereotipos. Un estereotipo es la imagen preconcebida que tenemos de algún concepto, cosa o ser, y que consideramos como común y correcto aplicado a esos ámbitos. Y, generalmente, suelen ser erróneos. Pondré algunos ejemplos. El hombre ideal es aquel que es fuerte, musculoso y robusto, que vaya periódicamente al gimnasio o a realizar alguna actividad deportiva. Debe ser alto, rubio, con ojos de azul intenso y siempre sonriente. También es pendenciero, y seductor. Le gusta lanzar piropos a las mujeres, y utilizar sus conquistas amorosas para alardear delante de otros hombres como él, sentados en la mesa de algún bar tomando unas cervezas. Desprecia a los intelectuales, pues no le importa la cultura, solo el fútbol y las féminas. Este equivocado planteamiento ensalza indebidamente a ese tipo minoritario de “machos”, como se les suele llamar, y apoca a los pobrecitos que no cumplen esos requisitos, que son despreciados por no tener una imagen satisfactoria. Y muchas veces, algunos de esos marginados son maravillosas personas, mucho más valiosas que el prototipo ideal. Y sin embargo, sus cualidades quedan ahogadas por la búsqueda desesperada de alcanzar esa “meta” que impone la sociedad, enterrando bajo un mar de engaños y frivolidad su verdadera personalidad.&lt;br /&gt;La moda es otro de esos conceptos peligrosos que trae consigo la revolución de la imagen. Esta “tarjeta de presentación” está adquiriendo cada vez más importancia para las masas. Ahora, si la imagen externa de una persona no nos convence, realizamos un juicio sin fundamento y pensamos que no debemos acercarnos a ellos, que no podemos congeniar… ¡cómo si el hecho de llevar ropa nueva o más “fashion” (adjetivo inglés cuyo significado en castellano aún no comprendo, y que sospecho que mucha gente utiliza sin entenderlo del todo) fuera lo único importante! Y así entra en juego otro estereotipo que causa mucho daño entre la juventud, principalmente de sexo femenino: la de la mujer guapa, maquillada, muy delgada, y que gasta un dineral para llevar siempre la ropa más moderna (que sospechosamente es la más cara; otro truco de la publicidad y las empresas) simplemente para rivalizar con otras por ver quién tiene el mejor modelito, o cuál ha conseguido atraer a más hombres. Y esto es lo que se les exige a las chicas de hoy en día. Tienen que abandonarse a la única preocupación de ponerse los mejores “trapitos” y ligar con los mejores chicos. Y así se registran tantos casos de anorexia, y de todo tipo de enfermedades mentales, así como de rechazo y frustración. Y todo eso provocado por la imagen de “persona ideal”, que increíblemente todo el mundo acepta. Y mientras, valores tan importantes como el amor sincero, la amistad, la lealtad, la honestidad, el interés por conocer, etc, son sustituidos por una inmoral necesidad de aparentar lo que no se es, de ocultar totalmente nuestros sentimientos, de dar imagen de moderno (otro concepto peligroso y mal utilizado), de ser como la gran mayoría, lo que implica perder nuestras peculiaridades, lo que nos distingue de otras personas y nos vuelve únicos. Actualmente, en los países “occidentales”, la gente vive sometida a una tiranía: la de la imagen, ese amargo déspota, que limita nuestra libertad de expresión por miedo a no ser como el resto y terminar rechazado. &lt;br /&gt;Incluso en los gobiernos se puede observar esa preocupación por aparentar. Ya no importa si se resuelven los problemas que aquejan al mundo, a los Estados, a las sociedades, etc. Ahora, lo único importante es simular que se han solucionado.&lt;br /&gt;Nadie sabe cómo puede terminar esto. Lo que si se sabe es que la historia suele seguir procesos cíclicos, y tras un período de crisis en el pensamiento colectivo de las sociedades, viene otro de vuelta a las ideas tradicionales, para ser estos sustituidos de nuevo por la crisis. Así pues, puede que todavía exista una solución a esta excesiva y dañina preocupación por la imagen, y vuelva otra época de preocupación por los valores. Sin embargo, lo arraigada que se encuentra esta nueva crisis en el pensamiento de las nuevas generaciones hace presagiar un camino arduo y difícil hacia una sociedad más ética y moral.</description>
            <pubDate>Mon, 09 Oct 2006 17:36:15 +0100</pubDate>
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            <title>Corazón de Hielo (i)</title>
            <link>http://elarchivocorrupto.blogcindario.com/2006/10/00002-corazon-de-hielo-i.html</link>
            <description>- Evidentemente, esta historia no es mía-.Dijo Jonah Patterson.- Pero ha ocurrido en realidad; ¿comprendéis lo que os digo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mirada inquisitiva e incrédula de los viajeros de aquel cuchitril de carretera entre Toronto y Ottawa  hablaba por si sola. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; - Quiero decir que no me creáis loco, que lo que digo es verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era de noche y estaba nevando. La estación de servicio de la carretera secundaria estaba casi vacía. Sólo había unas pocas personas. Desde que la autopista de peaje fue construida, cada vez eran menos los que se atrevían a recorrer el helado asfalto de las pequeñas carreteras. El angosto camino transcurría entre grandes bosques con una belleza proporcional a su tamaño; eso si, de día. Por eso, era extraño ver a gente pasar por ahí, y menos en de noche. Si añadimos que es invierno, apaga y vámonos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pequeña y destartalada estación de servicio, que parecía estar ahí desde antes que se construyera la carretera, estaba llena; considerando su habitual clientela. Un par de camioneros, un grupo de cuatro alpinistas que se dirigían a los Apalaches y Jonah Patterson eran los componentes del grupo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jonah Patterson había trabajado como corredor de bolsa para una empresa privada hasta hacía tres semanas. Lo habían echado con un “adios muy buenas” cuando había faltado durante dos días por la repentina enfermedad de su hermano. Al no estar ninguno de los dos casados y sin otra familia que ellos mismos, había estado velando por él en el hospital. El esfuerzo fue inútil, ya que su hermano murió. Cuando la empresa le informó de la decisión tomada, no le extrañó. Las acciones estaban bajando y se le estaba increpando para que mágicamente lo solucionara todo. La avaricia de los inversores se transformó en ira, que se liberó en su persona. Mejor así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin trabajo, sin familia y lleno de dolor, había decidido abandonar los EEUU e irse a Canadá. Tan repentina fue su marcha que ni siquiera esperó a que enterraran a su hermano. Ahora, se disponía a contar la historia que este le había contado en su lecho de muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mi hermano era alpinista.- Comenzó con voz pausada, dirigiéndose al improvisado público.- Ahora está muerto. No es que haya muerto en un alud, sino de un paro cardiaco. Si os lo estáis preguntando; no, no padecía del corazón. Esto me lo contó cuando se despertó en el hospital. O más bien me lo dio, ya que me dijo donde encontrar su diario. Repetía febrilmente que allí se encontraba toda la verdad. Me hizo prometerle que lo leería. Después de eso, le dio otro ataque y murió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“ Como iba diciendo, era alpinista. Hace un mes aproximadamente, partió con una expedición para hacer un documental sobre las Rocosas. Antes de partir, me llamó muy entusiasmado para explicarme con más detenimiento de qué iba la cosa. Según me contó, lo había elegido para formar parte de una expedición cuyo fin era tocar cima para un programa español. Creo que se llamaba “Hasta el filo de lo imposible” o algo así. Sus ansias de partir eran evidentes. Desde pequeño, sus dos grandes pasiones fueron el alpinismo y la televisión. Por lo general son excluyentes; así que se puso muy contento cuando lo eligieron. Su fama era conocida. A partir de aquí, os leeré su diario. Evidentemente, solo fragmentos que tienen que ver con la expedición.”</description>
            <pubDate>Sat, 07 Oct 2006 19:50:52 +0100</pubDate>
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        <item>
            <title>Prefacio</title>
            <link>http://elarchivocorrupto.blogcindario.com/2006/10/00001-prefacio.html</link>
            <description>Este blog tiene una finalidad. Como todo en este mundo, aunque no lo parezca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Este blog lo llevamos un par de alumnos de letras que queremos dar rienda suelta a nuestra imaginación escribiendo historias. Queremos tener el placer de que se lean nuestros escritos y que no queden olvidados en el más mísero de los cajones o cuadernos, porque si has sido capaz de escribirlo, es una pena que nadie lo lea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Así que, pretendemos (insisto en ese punto) crear una media de dos post a la semana. Cada post es un relato corto o un capítulo de otro más largo. La temática de los relatos variará mucho de quien lo escriba, ya que yo soy amante de las novelas de miedo, fantásticas y policíacas; mientras que a mi compañero, al que en breve conoceréis, prefiere la literatura histórica y la filosofía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  También puede que se dé el caso en el que hagamos una reseña literaria a un libro o similar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Sin más que contar y ansioso por empezar a trabajar, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+ Threkk Gotreksson</description>
            <pubDate>Wed, 04 Oct 2006 18:34:33 +0100</pubDate>
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